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(De)construyéndome: No es sólo prevención, es dejar el tabú

Comenzaré el siguiente artículo dando un poco de contexto. Septiembre es bien conocido también por ser el mes de la prevención del suicidio, y siendo sobreviviente, en pocas oportunidades he sentido la confianza de hablar plenamente sobre ese momento (o de los momentos) donde llegue a ese espacio. Más importante aún dejar claro que si la lectura puede ocasionarte algún estímulo, te comparto lo siguientes números donde puedes contar con ayuda psicológica si estas teniendo pensamientos o ideaciones suicidas:

  • Federación de Psicólogos de Venezuela 0212-4163116 / 0212-41631.18

  • Para la comunidad y activistas de defensores de derechos humanos el Observatorio de violencias LGTBIQ+ en sus redes sociales @nomasdiscirminacionve.

Si a los 17 años me hubieran permitido saber todo lo que hoy puedo tener a la mano sobre salud mental, tal vez solo tal vez puede que el vivir hubiera sido un poco más llevadero. Siendo solo una niña muchas emociones me abrumaban, entre temas familiares, y personales, solo tenía el conocimiento de que si dejaba de estar tal vez todo lo que sentía se acabaría. No encontraba el espacio seguro ni una red de apoyo lo suficientemente confiable para sentirme segura para hablar sobre mis emociones. Así que fue digamos sencillo y de fácil acceso para mí. Aquí me detengo porque se que la lectura puede estimular al lector, como a mí me pasa cuando lo relato.

Llegamos a este mundo sin siquiera saber qué pasa con nosotros, no entendemos de autocuidado, no sabemos qué sucede y se nos arroja a una sociedad llena de prejuicios, donde eres muy débil por llorar y el más fuerte por dar el golpe primero, y la mente humana es un lugar donde también se nos arroja sin tener las herramientas para hacerla lo más habitable posible.

Por mucho tiempo en mi mente sentía que algo andaba mal, y que era normal para mí sentirme insegura porque yo no era de los fuertes, así que me hice una coraza: la amiga que se ríe, la que fumaba, la de los bailes, con la necesidad continua de hacerle saber a la gente que estaba bien cuando realmente no era así. Lloraba muchísimo a solas sin entender, pero continuaba existiendo porque ya que todos jugaban a ser felices, tal vez yo podría.

No fue sino hasta mis 27 años que el perder a alguien que significaba mucho para mí me hizo entender que necesitaba ayuda, que no podía seguir jugando, y fue cuando busqué atención psicológica. Tras años de leer e investigar para entender, en consulta tuve la respuesta a que habito mi mente con ansiedad, ansiedad que por muchos años me llevo a escenarios de depresión e ideación suicida. Fueron muchos años sin respuesta, donde llegué a recibir comentarios de que el "buscar ayuda psicológica era cosa de locos", que eso "se arreglaba llorando y ya", que lo tenía todo, que no tenía derecho a abrazar mis emociones, siempre siendo estas invalidadas. Y esto no es por señalar a quienes en su momento me llegaron a decir estas palabras, pero lo entiendo cuando venimos de crecer en un sistema que no te da las herramientas, donde si no tienes los privilegios suficientes tampoco puedes costearlos o donde sencillamente el ego es mayor como para aceptar cuando necesitamos ayuda.

Cuando digo no es solo prevención, es dejar el tabú, es porqué así es. Estamos en pleno 2023, tenemos redes de apoyo y herramientas, pero aún así no nos permitimos a hablar en voz alta del suicidio, donde en nuestro país en el Estado Mérida en lo que va de año se han registrado 39 suicidios según el Observatorio Venezolano de Violencia, y las respuestas más comunes de las personas sobre esas noticias son “AY DIOS, METE TU MANO”. Y no, no es Dios, es permitirnos tener la empatía suficiente con quienes nos rodean, permitirnos deconstruirnos lo suficiente para poder entender y estar para quien necesite ayuda y no la encuentra. No es solo un llamado de ayuda para cualquiera que este pasando por momentos así sino también para sus familiares y amigos.

Consciente de los privilegios que hoy me permiten acceder a atención psicológica, reconozco que aún sigo trabajando en las herramientas que se me permiten para hacer de mi mente un lugar mejor para habitar. Hoy puedo abrazar a la Lya de 17 años para que sepa que no está sola en cada una de sus heridas y que puede, tal vez no ayudar 100% a otros, pero si generar un cambio de pensamiento o reflexión en aquellos que aún no saben cómo, y en aquellos que lamentablemente violentan a personas con afecciones de la salud mental.

Espero así que el día de mañana la salud mental pueda comprenderse como derecho humano que es, y no un privilegio, que sea dignificado para todos por igual.

“Todo va a estar bien pajarito colibrí, ya no tengas miedo de vivir” – Natalia Lafourcade

Portada: Javier Álamo


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